Vampire Weekend, viva el hype

 

 

Hype, bonito palabro que aprendí leyendo el RDL hace cualquier cantidad de años. Ya saben, hype es ese grupo o cantante que, con una canción y un primer disco se convierte en lo más, en lo in, en lo cool, en lo que hay que oír. A mí los hypes me dan más miedo que una calentura, porque pocas veces les encuentro el qué; suelen ser grupos cansinos y recicladores que lo rompen con el primer disco y que, generalmente, suelen estrellarse en el segundo LP. A veces olvidados, a veces reivindicados a posteriori (mis nunca-comprendí-bien-que les-veían Stone Roses, p.e), son ideales para críos de 15 años que acaban de descubrir esto de la música pop, pero a los que llevamos muchos años escuchando música, nos producen un arqueamiento de cejas en plan “esto ya lo he escuchado antes y lo he escuchado mejor. Estos listos están copiando a ……. (rellenen los puntos con el nombre que les plazca)”. A pesar de mi terror al hype, los ha habido que realmente han valido la pena y alguno hay que ha traspasado la barrera del tiempo: El “Is this it?” de los Strokes (que han pasado de zona Champions casi a segunda división con su tercer álbum) y Franz Ferdinand (no haremos comentarios hasta que llegue su tercer disco).

Ahora, en estos tiempos de Myspaces y youtubes, salen un par de hypes cada dos semanas aprox, grupos que generan una especie de unanimidad en blogs y webs especializadas,  son lo plus de lo plus y los tienes que escuchar para estar en la onda, bla bla bla, con lo cual servidora acaba perdiendo la cuenta. No voy a nombrarlos, hay demasiados, pero como me conozco el percal, tampoco me suelo dar mucha prisa en conocerlos. Además, el ritmo de novedades va más rápido que mis orejas, acabo llenando el disco duro de LP’s que tardo semanas en escuchar y minutos en olvidar, y yo soy una clásica, necesito que las canciones me vayan calando, no escuchar discos por obligación. Tengo algo profundamente en contra de esta cultura del impacto rápido que internet está creando. Algún día, cuando lo sepa verbalizar, haré una entrada sobre esto.

 

Todo este rollo de intro es para hablar del (pen)último hype, Vampire Weekend. Todo el mundo habla de ellos, pues hala, yo también. Si hace tres años lo moderno era copiar a Talking Heads, ahora lo moderno es copiar a Talking Heads y, además, a las aventuras mundialistas de David Byrne. Si léeis cualquier cosa sobre Vampire Weekend, os hablarán de “influencias africanas”. Paparruchas. Vampire Weekend son una panda de niños pijos de Nueva York a los que les moló el sonido del Graceland de Paul Simon y las canciones world music de Peter Gabriel y el ya mentado Byrne, pero tienen la misma idea sobre música africana que yo: ninguna. Entonces ¿qué queda? Pues las canciones. Qué coño importan los adornos o los arreglos, si la base es buena. Y aquí es muy buena: pop, pop fresco, adictivo y glorioso a veces. El nivel general es muy alto, pero hay dos canciones que son buenísimas: “Walcott” y mi preferida: “Campus”. De momento, y para mí, la mejor en lo que llevamos de año. Dame un gran estribillo y moveré el mundo, aunque en este caso los muy rácanos sólo lo saquen a relucir un par de veces. Otros te lo machacarían hasta el final. Quizás eso les hace buenos. De aquí un par de años, ¿quién se acordará de ellos? Pero de momento, pueden reírse del resto de competidores.

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