Concierto de Marc Almond y Baby Dee (Apolo 14/03/08)

marc_almond (publicado el 19/03/08) 

Marc Almond es un personaje al cual le guardo un enorme respeto y simpatía, y, sin embargo, apenas conozco/tengo su discografía. También es uno de esos artistas a los cuales no había visto en directo y que me apetecía mucho ver. Así que, después de las buenas críticas de su concierto del año pasado, hasta el Apolo me fui (eso sí, aviso para navegantes: no vayáis nunca a un concierto un viernes, después de una dura semana laboral, sin cenar y sin haber hecho la siesta!). Allí me encontré un ambiente de gran noche, la platea llena de sillas, el público sentado en silencio en el teatro, creando eso que se entiende como ‘marco ideal’. Llegué cuando ya había empezado la telonera, una persona de inmenso tamaño (reconozco que, llamándose Baby Dee, me imaginaba a alguien más etéreo) con el peinado más cataclísmico que recuerdo, enfundada en un polar de leopardo albino, que nos demostró:

a)que sabía cantar

b)que sabía tocar el piano y el arpa

c) que sabía ser histriónic@

d)zzzzzzzzzzzz

Ahora sin bromas: me dan mucha envidia las personas que tocan varios instrumentos y que además lo hacen bien… ¡pero es que me aburrió!

Al rato salió nuestro héroe. Él si que no aburre. Presentaba ‘The road to stardom’, disco de versiones, acompañado de un pianista, un guitarrista y la mentada Baby Dee a ratos. Ay, pero qué bien canta, qué bien interpreta y qué bien se conserva (por lo menos, en la distancia da el pego). Él sí que es un histriónico bien entendido; un inmenso intérprete de canciones dramáticas, un cantante tremebundo de no menos tremebundas pasiones. Cuando cantó “I have lived” no pude evitar pensar que el amigo Almond ha apurado su vida, ha vivido al límite y de todas ha salido (recordad su accidente de moto del 2004, que casi acaba con él). Genial en su famosa lectura del “Ne me quitte pas” (“If you go away”) de su héroe Jacques Brel (¿quién lo va a dejar, si te lo pide así??) o de otro de sus clásicos, “Jacky”, uno de los highlights de la noche, una canción excesiva con cuya interpretación se metió al público, definitivamente, en el bolsillo. Si la noche no me pareció mágica del todo, fue más debido a mi cansancio intrínseco que a la habilidad de nuestro crooner. Cerró los bises,  con una emocionada versión acústica de uno de los grandes clásicos de Soft Cell “Say hello, wave goodbye”, con el público ya en pie. Y por un momento pensé: “Qué grande es Marc Almond y cómo me gustaría ser como él”.

Por cierto, voy a ver si me hago con algo de sus discografía, que ya toca, leches.

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